Me duele tener que luchar contra la persona que más me ha amado en la vida...
Quien me dio la vida y me enseñó todo lo que necesito saber. Me educó para seguir un camino, que a la luz de su fe y de sus esperanzas es el correcto. Nunca entenderé por que tanto desprecio, por que tanta amargura siente por las personas con gustos distintos. La amo, la amo mucho, y por eso mismo deseo que sea feliz, aun si en ello se acaba mi propia felicidad.O al menos eso pensaba...
¡Ya no soporto! Me duele no poder compartir mis experiencias y mis emociones con ella; me lastiman sus comentarios, a veces sin querer, en que me repudia y no puedo odiarle por ello.
Me enoja su falta de comprensión a veces; yo siempre estoy ahí para escucharle, para contarle (casi) toda mi vida. Y me molesta aun más tener que cambiar el género de mis posibles parejas, de mis amig@s.
Desata mi ira cada comentario vacío de emoción, lleno de rabia hacia "esas pobres mujeres", ¿POBRES MUJERES? Se refiere a las lesbianas como si fuese lo peor del mundo; las rechaza ¿Y que hago al respecto? Nada.
Simplemente me quedo callada, y sufro para mis adentros. He llorado tanto, me he cansado de explicarle y me pierdo en su mirada, y en mi mente maldigo su pensamiento. Soy la mujer perfecta en su mundo, su amiga, compañera... Su confidente, soy la mejor persona de su vida, pero hay un detalle.
Soy lesbiana.
¡Si madre, soy lesbiana!
Y me gustaría poder decirle a la cara lo mucho que me duele su rechazo, lo que me duelen sus palabras; "No puedo vivir con una persona así", pero lo hace. Vive, convive, pelea y se reconcilia conmigo... Pero jamás entenderá.
Mi vida entera es una mentira para ella y por más que me esfuerzo no lo entiende, no lo quiere entender.
Si se entera, yo seré libre. Libre al fin, de todas esas mentiras, esas ataduras que me oprimen el alma y me desgarran el corazón... Pero pienso demasiado en ella.
¿Sufrirá?, ¿morirá de dolor? ¿y luego con qué me quedo? Con el cascarón vacío de una mujer sin esperanzas, sin sueños... Pero mientras protejo su felicidad y tranquilidad.
¿Donde queda MI felicidad? ¿Que haré yo conmigo?
Yo soy todo lo que soy y todo lo que tengo. Si te lo entrego, si te comparto mi vida y mi alma... Y no te gusta, o no lo aceptas, ¿Que haré?
Mi lucha consiste en resistir, en esperar que algún día tu propio Dios te ilumine, para demostrarte que mi lesbianismo no hace mejor ni peor... Pero la soledad en compañía, ese frío que resiento en mi alma, comparable con el noveno infierno de Dante, esa nadie me la quita.
Pero este frío ya lo conozco, este dolor inaguantable me es familiar es el que acompaña cada palabra de odio y cada frase mordaz.
Y aun así te amo madre mía.
Por que mi corazón, adolorido y gastado, te prefiere tranquila.
Te amo madre, aun que no me conozcas, aun que no me llegues a aceptar... A pesar de todo te amo.
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